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Dejando ir objetos sentimentales

  • Foto del escritor: Estefania Vázquez
    Estefania Vázquez
  • 25 feb 2021
  • 4 Min. de lectura

Mi madre murió en 2009. Ella vivía miles de kilómetros lejos, y fue mi responsabilidad desocupar si apartamento en Florida. Era pequeño, de una pieza, pero todo estaba lleno de sus pertenencias de pared a pared. Mamá tenia buen gusto (pudo


ser diseñadora de interiores), y ni una de sus cosas era basura. Sin embargo, había muchas cosas en su casa. Mi mamá compraba constantemente, siempre acumulando más cosas: Tenia muebles antiguos por todo su apartamento, una cama impresionante de dosel que ocupaba casi todo su cuarto, dos armarios llenos de ropa, cuadros en toda superficie, obras de arte originales adornando las paredes, y decoraciones de buen gusto en cada rincón, grieta y espacio posible. Había 64 años de acumulación en ese pequeño apartamento.


Así que hice lo que cualquier hijo haría: Renté un gran camión de mudanza. Después llamé a un lugar de bodegas de almacenamiento en Ohio para asegurarme que tuvieran una bodega suficientemente grande. El camión costó $1600 dólares, la bodega costo $120 dólares ̶ financieramente, podía costear el gasto, pero rápidamente descubrí que el costo emocional era mucho más alto.

Inicialmente, No quise dejar ir nada. Si alguna haz perdido un familiar, un ser querido, o haz pasado por un momento emocional similar, entonces entenderás exactamente cuán difícil fue para mí dejar ir cualquiera de esas posesiones. Entonces en vez de dejar ir, quise llenar de piso a techo con cada baratija, estatuilla y mueble de gran tamaño la bodega en Ohio. De esa manera sabía que las cosas de mamá estaban ahí por si alguna vez las quisiera o necesitara tener acceso a ellas por alguna razón sin sentido. Incluso planee poner algunos muebles de mi madre en mi casa como un sublime recuerdo de ella.


Comencé a guardar en cajas sus pertenecías: cada portarretrato, cada muñeca de porcelana, y cada tapete blanco en cada estante. Empaque todo lo que quedaba de ella.


O eso creí.


Miré debajo de su cama. Entre todo el caos organizado debajo de su cama, habían cuatro cajas, cada una con un número. Cada caja numerada estaba sellada con cinta. Corté la cinta, y cuando abrí la tapa de la caja descubrí papeles viejos de mis días en la escuela primaria desde hace un cuarto de siglo: pruebas de deletreo, lecciones de escritura cursiva, tareas de arte ̶ Todo estaba ahí, cada trozo de papel desde mis primero cuatro años de escuela. Obviamente ella no había abierto las cajas en años, sin embargo, ella había conservado esas cosas porque estaba tratando de aferrarse a partes de mí, partes de mí pasado ̶ Al igual que yo intentando aferrarme a ella y a su pasado.


Me di cuenta que mis esfuerzos de retener fueron inútiles: Podía guardar su memoria sin aferrarme a sus pertenencias, justo como ella siempre me recordaba, mi infancia, y todas nuestros recuerdos sin acceder a esas cajas selladas debajo de su cama. Ella nunca necesito papeles de hace 25 años para recordarme, así como yo no necesitaba una bodega llena de sus pertenencias para recordarla.


Llamé a la agencia de mudanzas y cancele el camión, Y después, durante los siguientes 11 días, doné sus pertenencias a lugares y personas quienes podrían darles un uso.


Claro que fue difícil dejar ir, pero entre recuerdos y posesiones me di cuenta de muchas cosas sobre nuestra relación:


Mis cosas no son yo, somos más que nuestras posesiones.

Nuestros recuerdos están en nosotros, no dentro de nuestras cosas.

Aferrarse a las cosas nos aprisiona; dejar ir nos libera.

Puedes tomar fotos de los objetos que quieres recordar.

Las viejas fotografías pueden escanearse.

Un objeto que es sentimental para uno puede ser útil para alguien más.

No creo que los objetos sentimentales sean malos, diabólicos o que esté mal conservarlos; creo que el peligro de los objetos sentimentales (y sentimentalismo en general) es mucho más sutil. Si tú quieres deshacerte de un objeto, pero la única razón de conservarlo es por razones sentimentales ̶ y si te pesa ̶ entonces quizá es momento de desecharlo, quizá es momento de liberarte de ese peso. Sin embargo no quiere decir que debes deshacerte de todo.


Cuando regresé a Ohio, tenía cuatro cajas con fotografías de mamá en mi camioneta, para luego escanearlas y guardarlas en la nube. Encontré un escáner que hizo el proceso fácil. Esas fotos ahora son digitales, y pueden usarse en cuadros digitales en vez de acumular polvo en el sótano. Ya no tengo el desorden de sus cajas cargando conmigo, y nunca serán destruidas en un incendio.


Doné todo lo demás que quedaba de su casa: sus muebles, su ropa, y sus accesorios decorativos. Fue un gran salto para mí, pero sentí que debía hacerlo para liberar el peso –la gravedad emocional ̶ de esa situación de mis hombros. No necesito las cosas de mi madre para acordarme de ella ̶ hay rastros de ella por todos lados: en la forma que actúo, el cómo trato a los demás, incluso la forma en la que sonrío. Ella sigue ahí, y ella nunca fue parte de sus objetos.


Siempre que doy consejos de cómo reducir, suelo dar dos opciones:


La primera opción normalmente es la del gran salto, sumergirse en el primer pensamiento: deshacerse de todo, romper tu T.V., tirar todas tus cosas, quitarte rápido la venda, déjalo ir! Esta opción no es para todos (y a menudo no es para mí), pero en el caso de las cosas de mi madre, fue exactamente lo que hice.


La segunda opción es de tomar pequeños pasos, la cual te ayuda a generar un impulso al tomar pequeñas acciones e incrementarlas. ¿Qué objeto sentimental puedes desechar hoy que siempre has querido dejar ir? Empieza ahí. Luego elige algunas cosas cada día, incrementando gradualmente tus esfuerzos conforme te sientas más cómodo.


Cual sea la opción que elijas, toma acción: Nunca dejes la escena de una buena idea sin tomar acciones.


"Letting Go of Sentimental Items" por Joshua Fields Millburn

Traducción: Estefanía Vázquez P.

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