Fiesta de mudanza: Desempaca una vida más simple
- Estefania Vázquez

- 4 mar 2021
- 5 Min. de lectura

¿Qué hace rico a una persona rica? Cuando era adolecente pensaba que tenía que ganar $50mil dólares al año para ser rico. Luego en mis veinte comencé a subir la escalera corporativa, empecé rápidamente a ganar 50 grandes. Pero algo estaba mal. No me sentía rico.
Así que miré mis finanzas y descubrí mi error: Olvide hacer los ajustes de la inflación. Talvez unos $75mil por año era ser rico. Talvez con $90mil. Talvez con seis cifras más o talvez teniendo un montón de cosas, talvez eso es ser rico.
Sea lo que significara ser rico, sabía que una vez que llegara ahí finalmente sería feliz. Así que hice más dinero, gasté más dinero, todo en busca del sueño americano. Todo en busca de la felicidad, pero entre más me acercaba más lejos de la felicidad estaba.
Hace 5 años, toda mi vida era diferente de lo que es hoy. Radicalmente diferente. Tenía todo lo que siempre quise, todo lo que se “supone” debía tener: Tenía un impresionante puesto de trabajo en una empresa respetable, una carrera exitosa generando docenas de empleos. Obtuve ingresos de seis cifras. Compraba un reluciente auto nuevo cada dos años. Tenía un gran apartamento de 185m2 con 3 habitaciones y 2 baños. Incluso tenía dos salas de estar. (Además de poner muchos de juegos para mi gato, no tengo idea porque una persona necesita dos salas.)
Mi gato y yo estábamos viviendo el sueño americano. Todos a mí alrededor decían que era exitoso. Pero solo era aparentemente exitoso. Veras, tenía muchas cosas que eran difícil de notar desde fuera.
Incluso cuando creí que ganaba mucho dinero, tenía muchas deudas. Pero alcanzar el sueño americano me costó más que dinero: mi vida estaba llena de estrés, ansiedad y tristeza. Era miserable. Tal vez parecía exitoso, pero sinceramente no me sentía así. Llegué a un punto donde ya no sabía lo que era importante. Solo una cosa era clara: había un gran vacío en mi vida.
Traté de llenar ese vacío de la misma manera como muchas personas lo hacían: con cosas. Un montón de cosas. Estaba llenando el vacío con compras innecesarias. Compré autos nuevos, nuevos electrónicos y llené mi armario de ropa costosa. Compré muebles y decoración caros, todo lo más nuevo en tecnología. Cuando ni siquiera tenía suficiente efectivo en mi cuenta pagaba cenas costosas, rondas de tragos, vacaciones lujosas con tarjetas de crédito. Gastaba el dinero más rápido de lo que generaba intentando comprar mi camino a la felicidad.
Y pensaba que llegaría ahí algún día. Eventualmente. Es decir, la felicidad tenía que estar en algún lugar a la vuelta de la esquina ¿cierto?
Pero las cosas no llenaron el vacío, lo agrandó. Y porque no sabía lo que era importante, continúe llenando el vacío con cosas, endeudándome más, trabajando duro para comprar las cosas que no me hacían feliz. Esto fue así por años, un ciclo horrible. Una y otra vez lo mismo.
En los últimos años de mis veintes, mi vida por fuera se veía bien, pero por dentro yo era un desastre. No estaba saludable, me sentía estancado. Me drogaba y bebía demasiado. Tomaba todos los calmantes que podía. Trabajaba entre 60 y 70 horas a veces hasta 80 horas a la semana, abandonando los aspectos más importantes de mi vida. Muy rara vez pensaba sobre mi salud, mis relaciones y mis pasiones. Lo peor de todo es que me sentía atorado, no estaba creciendo y sin duda no estaba contribuyendo a otros.
A mi vida le faltaba: significado, propósito y pasión. Si me hubieran preguntado qué es lo que me apasionaba hubiera vería como una presa nerviosa ¿Qué es lo que me apasiona? No tenía idea.
Estaba viviendo de cheque en cheque, viviendo para un cheque. Viviendo para cosas. Viviendo para una carrera que no amaba. En realidad no estaba viviendo en absoluto. Estaba deprimido.
Fue cuando comenzando mis treintas noté algo diferente en mi mejor amigo de 20 años Josh, parecía feliz por primera vez en mucho tiempo. En verdad realmente feliz.
Pero ¿Cómo? Trabajábamos lado a lado en la misma empresa a lo largo de nuestros veintes, ambos ascendiendo de puestos y él era igual de miserable que yo. Algo había cambiado. Para empezar acababa de pasar por dos de los momentos más difíciles de la vida: Su madre acababa de fallecer y había terminado su matrimonio. Ambos en el mismo mes. No se supone que estuviera feliz y definitivamente no se suponía que fuera más feliz que yo.
Así que hice lo que cualquier buen amigo haría: Lo invite a comer en un fino puesto de comida (fuimos a un Subway). Mientras estábamos comiendo le hice una pregunta a Josh: “¿Por qué rayos estas tan feliz?”
En los siguientes 20 minutos Josh me platico sobre algo llamado minimalismo. El hablo sobre cómo pasó los últimos meses simplificando su vida, sacando el desorden para dar espacio a lo verdaderamente importante. Después el me mostró una completa comunidad de personas que habían hecho lo mismo.
Me presentó a un tipo de 24 años llamado Colin Wright, un emprendedor que viaja con todas sus pertenecías a nuevos países cada cuatro meses. Después estaba Joshua Becker de 36 años, esposo y padre de dos, con un trabajo de tiempo completo, un auto y una casa en los suburbios de Vermont. Luego me mostró a Courtney Carver, madre de una adolecente y esposa de 40 años en la ciudad de Salt Lake. También estaba Leo Babauta de San Francisco con 38 años, esposo y padre de seis.
Aunque todas estas personas llevaban vidas considerablemente diferentes, todos compartían al menos dos cosas en común: La primera, vivían deliberadamente, vidas significativas; eran apasionadas y determinadas; parecían mucho más ricos que cualquiera de los tipos llamados ricos con los que trabaja en el mundo de los negocios. La segunda cosa, todos ellos atribuyeron sus vidas significativas a esto llamado minimalismo.
Así que como el solucionador de problemas que soy, decidí convertirme en minimalista al instante. Busqué a Josh y emocionado le dije: “Muy bien, estoy dentro ¡Soy minimalista! ¿Ahora qué?”
No quería pasar meses desechando lentamente mis posesiones como Josh lo había hecho. Eso estaba bien para él pero yo necesitaba resultados rápidos. Así que se nos ocurrió una loca idea: Hagamos una fiesta de mudanza. (Todo es más divertido cuando agregas la palabra fiesta). Decidimos empacar todas mis cosas como si me fuera a mudar y luego desempacar solo las cosas que necesitaría para las siguientes 3 semanas.
Josh me ayudó a poner todo en cajas: mi ropa, mis utensilios de cocina, mis toallas, mis electrónicos, mi televisión, mis portarretratos y cuadros, mis cosas de higiene personal e incluso mis muebles, todo. Literalmente pretendimos que me estaba mudando.
Después de 9 horas y un par de pizzas, todo estaba empacado. Estábamos ahí sentados en mi segunda sala de estar, exhaustos mirando las cajas ocupando la mitad de mi piso de 3 metros y medio. Mi apartamento estaba vacío y todo olía a cajas de cartón. Todas mis pertenecías, cada una de las cosas por las que había trabajado durante la última década estaba en esa sala. Cajas encima de otras cajas que estaban sobre otras cajas.
Cada caja fue etiquetada para que supiera en donde encontrar algún objeto en particular si lo necesitaba. Etiquetas como “Sala”, “Bote de basura #1”, “Utensilios de cocina”, “Armario”, “bote de basura #7”. Y así sucesivamente.
Pase los siguientes 20 días desempacando solo las cosas que necesitaba. Mi cepillo de dientes, mi cama y sabanas, ropa para el trabajo, los muebles que realmente usaba, cosas de cocina, un set de herramientas. Solo cosas que agregaban valor a mi vida.
Después de 3 semanas el 80% de mis cosas seguían en las cajas, solo estaban ahí, sin abrir. Miré esas cajas y no podía recordar que es lo que había en la mayoría de ellas. Todas esas cosas que se suponía que me hacían feliz no estaban haciendo su trabajo.
Así que doné y vendí todo eso.
¿Y sabes qué? Comencé a sentirme rico por primera vez en mi vida. Me sentí rico una vez que quité todo del camino, así pude hacer espacio para lo demás.
“Packing Party: Unpack a Simpler Life” - Ryan Nicodemus
Traducción: Estefanía Vázquez P.



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