Restar
- Estefania Vázquez

- 25 feb 2021
- 2 Min. de lectura

Tenemos demasiado, demasiadas cosas, demasiado estrés, demasiadas obligaciones.
Aun no tenemos lo suficiente, sin suficiente tiempo, sin suficiente dinero, sin suficiente energía.
Resulta que hemos conservado las cosas “malas” Y es por eso que no tenemos las cosas “buenas”. Lo “bueno” y “malo” son constructos morales. No hay cosas materiales “buenas” ni “malas”. La realidad es que tenemos muchas cosas que aumentan nuestra miseria. Como resultado, nos falta tranquilidad, felicidad, calma. Empapados de sufrimiento, vislumbramos momentos ocasionales de felicidad. Intentamos repetir esos momentos adquiriendo nuevas posesiones. Intentamos “arreglar” la miseria acumulando objetos que nos hacen feliz. Actuamos como si fuera un problema de inventario. Como si ese sillón o esa alfombra ideal para subir a instagram “brindará alegría”. Como si esa jardinera o ese estante nos completara. Como si esa nueva playera o esos pantalones nos renovarán. Eliminar las cosas “malas” y agregar las cosas “buenas”. Esa es la llave no? Si, esa es la llave a la ansiedad, inquietud e insatisfacción. No podemos terminar o librarnos de nuestro descontento. Bueno, si podemos –pero solo por un tiempo. Es similar a la sensación de un adicto al drogarse. Podemos comprar placer pero al hacerlo, también compramos futuro dolor. Después de esa alegría o placer, la miseria siempre llega. No hay excepciones; son las dos caras de la moneda. Nunca tendremos todas las cosas “buenas”, porque no hay cosas “buenas.” Esa es una mentira que nos han vendido las empresas y por “influencers” confundidos quienes no conocen nada mejor. Si, algunos objetos pueden mejorar nuestras vidas, pero solo después de haber eliminado el apego que se interpone en nuestro camino. La paz no se puede empacar y poner en una banda de paquetería. Está en el valor que le agregamos en nuestras vidas. El camino a la miseria es pavimentado el ir agregando. El camino a la paz es sin asfalto e ir quitando. "Subtraction" - Joshua Fields Millburn. Traducción: Estefanía Vázquez Pichardo



Comentarios